EJERCICIO 1
Siéntate en el borde del asiento, siempre perfectamente derecho, con los muslos ampliamente separados, con tus testículos y tu pene pendientes en el vacío, libres de cualquier presión. Míralos. Poco importa si tu glande está expuesto, pues la estimulación va a realizarse sobre el cuerpo del miembro. De todos modos, aun cuando se halle expuesto al comienzo, el prepucio lo recubrirá en el curso de la maniobra.
Coloca tus manos con los dedos juntos a cada lado de la base de tu pene, lo más cerca posible de la inserción de los testículos, y enderézalo en vertical. Así, tus dedos sin separar formarán una vaina a tu pene. Luego procederás de la siguiente manera: moviendo hacia arriba la mano izquierda, con la punta de los dedos envías tu pene completamente fláccido al hueco formado por los dedos de tu derecha, mientras que los de tu izquierda vuelven a su sitio inicial en la parte lateral de la base de la verga. Es ahora el turno de la mano derecha para arrojarlo en la izquierda, y así sucesivamente…
Estos movimientos deben ser lo bastante lentos al comienzo (del orden de dos por segundo), pero han de ser lo suficientemente secos, es decir, que tus dedos deben desplazarse a lo largo de tu pene de manera rápida y nerviosa. Es esta sequedad del movimiento la que expele el pene a la otra mano.
Sé muy regular y no permitas que haya un tiempo muerto entre dos «expediciones».
Asimismo, conviene asegurarte de que sólo las puntas de tus dedos se hallan en contacto.
Cuida de conservar los índices delante de tu pene para recuperarlo, ya que su blandura, de otro modo, haría que volviese a caer de inmediato entre tus muslos; al comienzo, lo más importante es la regularidad y la firmeza del ritmo. No tengas «inquietudes» respecto a tus testículos que, evidentemente, continúan colgando. En poco tiempo subirán de modo muy agradable.
Prosigue con esta cadencia durante más o menos un minuto, es decir, aproximadamente, cien veces de ida y vuelta, sin dejar de contemplar lo que haces. No flexiones la espalda; por el contrario, consérvate bien recto y con las piernas bien separadas.
Al término de esta preparación sentirás un endurecimiento muy ligero, sobre todo si empujas tu vientre hacia delante. Es entonces el momento de acelerar la maniobra, no de modo progresivo sino instantáneamente; una co-rriente de vibraciones pasará entonces por el interior de tus muslos; ya no son las puntas de tus dedos las que eyectan tu pene, sino las dos primeras falanges en su totalidad. Tienes que sentir chocar tus dedos a cada movimiento. Echa tu vientre hacia dentro; ahora tus testículos se balancean con fuerza y comienzan a tocar el borde del asiento. La aceleración y el frotamiento incisivo y firme de tus dedos alargan tu pene; separa los muslos, bloquea tu respiración, tus testículos ascienden, acelera un poco más: ¡la erección está cerca!
EJERCICIO 2
Adopta una posición medianamente relajante, con las nalgas a medio camino entre el borde del asiento y su fondo, con los brazos reposando naturalmente, las manos sobre los muslos. Déjate ir hacia atrás, con la cabeza relajada y los ojos cerrados. Es indispensable que te distiendas totalmente en el transcurso de todos estos ejercicios, ya que los preliminares vinculados a cualquier actividad sexual sólo son realmente estimulantes en medio de la mayor laxitud física y mental. Si te sientes enervado o contrariado vale más dejar el ejercicio para otro momento. Si tu espíritu o tu cuerpo no se encuentran de una manera armónica, convéncete de que no captarás tus sensaciones con toda la sensibilidad necesaria; es más, la eventual exaspera-ción corre el riesgo de provocar una crispación que, incluso en el caso de que haya placer, no liberaría para nada tus tensiones.
Procede siempre a lentas y profundas ventilaciones respiratorias; sólo cuando sientas la regularidad de tu ritmo cardíaco y un apaciguamiento podrás emprender la estimulación.
Si esto no se produce, suéltate. Con las manos apoyadas en tus muslos medianamente separados, con las piernas replegadas, coloca tus pulgares juntos más o menos a un centímetro de la corona de tu glande. Los índices han de estar en oposición justo a nivel del frenillo. Tus testículos reposan con naturalidad en la raíz de la entrepierna, sin que antes los hayas «arreglado».
Comienza con un movimiento de báscula del glande tirando los índices hacia abajo y llevando hacia arriba los pulgares, que, inevitablemente, arrastrarán el prepucio y harán que cubra el rodete. Este movimiento debe estar alternativamente sincronizado, ser regular y tener muy poco apoyo. Los cuatro dedos en cuestión no deben desplazarse, mientras que los restantes han de estar replegados.
Al cabo de un tiempo de entre treinta y sesenta «movimientos de báscula», notarás con nitidez la hinchazón de tu pene. Tensándose de manera progresiva, los pulgares llevan cada vez menos la piel por encima del glande.
Proseguirás entonces estos movimientos dándoles mayor apoyo a los dedos. Mediante una presión más fuerte y un movimiento de báscula hacia delante cada vez más acentuado, la estimulación se amplifica. Entonces es necesario tirar hacia abajo los índices, cada vez más fuerte y más lejos, imprimiendo francas sacudidas. El movimiento debe hacerse más brusco y con mayor amplitud hacia abajo, ya que los índices realizan lo esencial del trabajo mientras los pulgares se limitan a seguir el movimiento alternativo. No tires tu pene hacia abajo; al contrario, manténlo hacia atrás, un poco como si quisieras hundirlo en tu vientre.
A partir de entonces verás que su talla ha variado considerablemente. Aprieta entonces las piernas y las nalgas una contra la otra sin preocuparte de los testículos, que se hallan aprisionados; aumenta más la fuerza de los movimientos, ejecútalos de manera seca y dinámica.
Llega el momento en que puedes contemplar el resultado de tus manipulaciones y, con ello, acrecentar tu excitación. Aplasta con fuerza las rodillas una contra la otra, tensa el vientre, tensa los músculos de las nalgas; tu glande se ha puesto de color púrpura y el pene ha llegado al tamaño justo. Conserva la velocidad, apoya aún más tus pulgares que chocan y rebotan sobre la corona, extiende tus piernas siempre apretadas, cruza los pies. ¡Formidable erección!
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Sergio Pérez Serer
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